Manuel JF
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  last edited: Fri, 21 Jan 2022 19:21:42 +0200   
Pero el redoble de conciencia de Pepito Grillo no es solo individual y, aunque las divisiones y subdivisiones en lo que podemos llamar el campo de la emancipación sean tantas que nos quitan  las ganas de implicarnos en él, no nos queda otra. En el monográfico de la revista francesa Ballast, que lleva por título, justamente, la pregunta que más desazón nos provoca, ¿qué hacer?, resume en tres opciones las que tenemos: la deserción del poder capitalista, escapar a las periferias; derrocar el poder capitalista central provocando un levantamiento general; tomar el poder por medios legales y trabajar por una sociedad más digna e igualitaria desde dentro del Estado. La cita que viene ahora, la he traducido de la revista:
desertar del poder capitalista central y escapar del orden dominante a través de la periferia; derrocar el poder capitalista central al final de un levantamiento y construir una sociedad de justicia; tomar el poder capitalista central por medios legales y trabajar, desde dentro del Estado, por la liberación de la sociedad. La tradición anarquista, la tradición marxista y la tradición socialdemócrata en el sentido original del término. os falansterios, las colonias libertarias, los fuera-de las "comunidades por repliegue", la Cataluña de 1936 o las ZADs; la Rusia bolchevique de 1917, la Cuba  de 1959 o el Mozambique frellista de 1975; el Chile de la Unidad Popular de 1970, la Francia del Programa Común de 1981, el Uruguay de Mujica de 2010 o la Grecia de Syriza de 2015. (BALLAST • QUE FAIRE ?)


Esas son las vías que tenemos para el asalto a Troya: no hay más, quizá una combinación de las tres. Yo, con el tiempo, me he ido decantando -con muchas dudas- por el abandono, la deserción, el desestimiento. Es la que proponía, con mucha ingenuidad, en el último de mis 15 Asaltos en el que volvía del revés la vieja tradición española de "tirarse al monte", para visualizar lo innecesarias que nos son las instituciones frente a lo absolutamente necesarios que somos nosotros -nuestros cuerpos tanto como nuestra fe- para darles apariencia de realidad y vida...

Pero quizá, al mismo tiempo, no viniera mal, como decía en la primera entrada, juntarnos en los movimientos y rebeliones que continuamente ocurren a nuestro lado, sean estas vecinales, sindicales, identitarias, o políticos también... ¡qué más da si, al menos, ponen nerviosos a los amos del mundo y, como en el chiste del mosquito y el conductor, hacen descarrilar al tren! Todo menos dejarnos llevar mansamente por la desesperación que está acabando con tantos -y seguramente los mejores- de los más jóvenes.

  last edited: Wed, 19 Jan 2022 14:06:53 +0200   
Por si alguno no sabe quién es Pepito Grillo -no tiene por qué-, es el nombre con el que popularizó Disney Il Grillo Parlante del Pinochio original de Carlo Collodi. Con este grillo como artefacto narrativo, Collodi intentó resolver el problema de la falta de alma o conciencia de un muñeco de madera y los problemas que le acarrea. Es una especie de conciencia externalizada (un poco como la de todos) que señala el bien y el mal, la verdad y la mentira al nihilista muñeco.

La voz incordiante de Pepito Grillo no deja nunca de recordarnos lo que hacemos bien o mal y, sobre todo, lo que no hacemos o dejamos de hacer para hacer del mundo un lugar más habitable y justo, para evitar la extensión apabullante -en palabras de Labordeta- del crimen y la amenaza...

¿Qué hacer? -preguntamos continuamente a Pepito Grillo - ¿dónde, cuándo, con quién, contra qué? En este mundo exhausto de utopías y revoluciones, con esta condición humana nuestra reacia ya a cualesquiera heroismos, ¿qué hacer? Un amigo profesor, al que habían increpado de pequeño burgués en una asamblea sindical, respondió que nadie elegía realmente el lugar ni las circunstancias en que se desenvuelven nuestras vidas y que allí donde estemos hagamos lo que podamos para hacer un mundo mejor, pequeñas revoluciones cotidianas, con el aliento largo de héroes imposibles.

Juntarnos, acompañarnos, ayudarnos para que ninguno desfallezca y caiga, para no desesperarnos ante la magnitud de los males que nos atenazan. No habrá otra guerra de Troya con su consabido fin, pero sí la labor escondida de abrir grietas en sus murallas, día a día, hora a hora, mano con mano. Tal es la ingente tarea que Pepito Grillo nos pone por delante cada amanecer...

   
Esta mañana he desayunado en un bar popular por aquí, bullicioso y vocinglero, disfrutando de un cantante de boleros, un jubilado de voz de seda, cantando quedo, a través de su mascarilla:

Mira que eres linda,
qué preciosa eres.
estando a tu lado
verdad que me siento
más cerca de Dios...

Un silencio repentino le preparó el aie. Apoyado contra la pared, marcando el compás con los nudillos sobre la mesa, con aire ausente... ¿En quién pensaría, qué memoria de amor o desamor templaba su voz y entrecerraba sus ojos?

Antes, hasta hace unos años, la costumbre de cantar en las tabernas -flamenco, casi siempre- estaba tan extendida que aún sobrevive en algunos locales antiguos la ignominiosa prohibición "Prohibido el cante" que, a lo que recuerdo, no era obedecida por nadie...

   
El tiempo es curvo y, si la masa de un cuerpo es suficiente, puede llegar a ser circular. A veces nos gusta imaginarnos en danza en esa idea del tiempo, donde todo puede llegar a ser simultaneo y pasado, presente y futuro pueden ser intercambiables. La simultaneidad era la gran teoría que obsesionaba a Shevek, el protagonista de Los desposeídos, de Ursula K. Legin. Claro que también puede ser una sensación inducida por la edad tardía, como les pasa a los personajes de los últimos relatos de Claudio Magris (Tiempo curvo en Krems). A uno de ellos le llegan noticias de que una adolescente de la que la que todo su curso estaba enamorado, pero con la que nunca cruzó una palabra, anda diciendo lo contrario: que recuerda muchísimo al protagonista, que lo conoció muy bien y que le ha tenido siempre mucho cariño. Pasó una cosa y la contraria, pues así son las paradojas del tiempo...

   
Lakoff contaba que, buscando preguntas realmente importantes con un amigo, consensuaron esta: ¿qué harías con un niño que llora porque no puede dormir? Bien pensado, de la respuesta que demos, depende el sentido de nuestra vida. ¿Qué hacer ante el sufrimiento de los demás? De esa respuesta depende también que podamos dormir sin llorar, a nuestra vez, por no poder hacerlo...

  last edited: Sun, 21 Jun 2020 16:14:26 +0200   
El amor como testimonio
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Lo imaginado de forma especular en las utopías puede encarnarse en un lugar y tiempo concretos, traspasando el espejo platónico.
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  last edited: Wed, 29 Jan 2020 13:39:42 +0200   
Es el darwinismo social el que ha provocado fenómenos sociales tan inquietantes como el de los suicidios laborales en los centros de trabajo o la progresiva "medicalización" (complejos vitamínicos, ansiolíticos, antidepresivos...) que la soledad del trabajador de ahora, continuamente observado, compelido a ver en el compañero un rival, y medido en su "productividad", propicia. Como ocurre con el parado y sus insomnios o taquicardias. O con el trato social fosco y a cara de perro que se impone poco a poco entre nosotros...
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  last edited: Thu, 23 Jan 2020 13:43:35 +0200   
Lo malo de las colecciones (¡y hay colecciones de cosas inverosímiles!) es que, si son de animales o plantas, están muertas; y si son de cualesquiera otros objetos, están fuera de su contexto natural, así que están muertos también a su manera. Tienen todas las colecciones o catálogos, y hasta los museos si lo piensan, un aire de cementerio. En una deliciosa novela de Iris Murdoch (léanla, si no la conocen: es maravillosa), «La negra noche», una niña que coleccionaba piedras sufría en secreto porque sentía la melancolía de sus minerales por la nostalgia del lugar del que fueron arrancados.
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  last edited: Wed, 22 Jan 2020 14:27:20 +0200   
Me ha interesado el texto "Literatura y verdad en la época de la posverdad", de Mario Campaña, que enlazo al final de este artículo. En él plantea el tema de la verdad y la mentira en una ficción narrativa, relacionándolo con el concepto de "posverdad", tan de moda en el análisis de la información política y la tergiversación de la Historia con intención manipuladora y propagandística. Por supuesto, la verdad y la mentira en literatura no son de la misma naturaleza que en la Historia, aunque esta pertenezca, de un modo bastante literal, a los géneros narrativos.
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