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Lo que se nos manda, pues es el alma del mundo, es que consumamos mercancías, tiempo y futuro de forma constante y acelerada.
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Nicola Chiaromonte, “La stampa”, 10 de abril de 1969 . Traducido de la versión francesa de Olivier Favier por Manuel Jiménez Friaza
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Hay fenómenos de naturaleza involuntaria (por más que los gobiernos pretendan a menudo potenciarlo con dádivas: recordemos a nuestro Zapatero) como el crecimiento demográfico, que pueden tener consecuencias muy profundas en el cambio social. Recordemos, por ejemplo, el derrumbe de las fronteras del Rhin del Imperio romano a causa de las oleadas imparables de los pueblos germánicos.

Un mando del Ejército israelí así lo aseguró ante la Comisión de Asuntos Extranjeros y de Defensa de la Knesset el pasado 26 de marzo. Alrededor de cinco millones de palestinos viven en Cisjordania y en la Franja de Gaza. Si a esas cifras se le suman los residentes palestinos de Jerusalén Oriental, en torno a 323.000, y los árabes israelíes (1,8 millones), los árabes (7,1 millones) superarían en número a lo judíos en la zona que abarca del Mediterráneo al río Jordán. Según el censo anual publicado por el servicio israelí de estadística el pasado 16 de abril, los judíos son 6,5 millones en la región (un cifra que incluye a los colonos instalados en Cisjordania).

Dichos cálculos tienen repercusiones políticas. Y confirma el argumento enarbolado por la izquierda israelí desde hace décadas, a saber, que la demografía palestina es una “bomba de efecto retardado” y que es urgente dar con la solución de los dos Estados antes de que los judíos sean minoría. Sin embargo, en la derecha, esta teoría ha sido invalidada sistemáticamente. Al contrario, los partidarios del Gran Israel, o al menos de la anexión de una parte de Cisjordania, aspiran a conservar una mayoría judía, consideran que la dinámica demográfica es propia a los judíos y que las cifras facilitadas por el Ejército son “falsas”. Israel-Palestina: el desafío demográfico

Recuerdo que lo advertía frecuentemente el periodista Eduardo Haro Tecglen, cuando apenas se atisbaban las masas migratorias y de refugiados, empujando los fuertes de Occidente, que vemos hoy, con tan estúpida indiferencia. Al fin y al cabo, es el arma más vieja de los pobres: tener más hijos, formar una prole. Tirando muy largo y muy atrás, tal vez ese fue el secreto del homo sapiens en su expansión y preponderancia por todo el planeta: ser más, desbordar el espacio para crear un nuevo tiempo…

  last edited: Mon, 29 Aug 2022 19:41:29 +0200   
La fotografía es tiempo convertido en espacio. En realidad, lo son todas las artes visuales, incluido el cine. Tenemos la impresión de que Scarlett toma un café, pero nunca llegará a tomarlo porque ha desaparecido el tiempo y con él la vida y la realidad. Esa es la demiurgia y la impotencia del arte...

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Cuando todo ya sea naufragio
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Rosa Montero habla de lo que llama «el síndrome de la redención» en las mujeres.

Una que, por ejemplo, se enamora de un tipo «áspero y grosero», pero se empeña es que es una apariencia falsa: que por dentro es un hombre dulce y que ella lo sacará a la luz, pues solo necesita «sentirse más querido, más seguro, mejor acompañado». Necesita solo su «varita mágica»…

Tal es es su síndrome de perdición.

   
Se me figura que sobre algunas sociedades pesa como una maldición histórica debido a sus antiguas rebeldías.
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  last edited: Fri, 21 Jan 2022 19:21:42 +0200   
Pero el redoble de conciencia de Pepito Grillo no es solo individual y, aunque las divisiones y subdivisiones en lo que podemos llamar el campo de la emancipación sean tantas que nos quitan  las ganas de implicarnos en él, no nos queda otra. En el monográfico de la revista francesa Ballast, que lleva por título, justamente, la pregunta que más desazón nos provoca, ¿qué hacer?, resume en tres opciones las que tenemos: la deserción del poder capitalista, escapar a las periferias; derrocar el poder capitalista central provocando un levantamiento general; tomar el poder por medios legales y trabajar por una sociedad más digna e igualitaria desde dentro del Estado. La cita que viene ahora, la he traducido de la revista:
desertar del poder capitalista central y escapar del orden dominante a través de la periferia; derrocar el poder capitalista central al final de un levantamiento y construir una sociedad de justicia; tomar el poder capitalista central por medios legales y trabajar, desde dentro del Estado, por la liberación de la sociedad. La tradición anarquista, la tradición marxista y la tradición socialdemócrata en el sentido original del término. os falansterios, las colonias libertarias, los fuera-de las "comunidades por repliegue", la Cataluña de 1936 o las ZADs; la Rusia bolchevique de 1917, la Cuba  de 1959 o el Mozambique frellista de 1975; el Chile de la Unidad Popular de 1970, la Francia del Programa Común de 1981, el Uruguay de Mujica de 2010 o la Grecia de Syriza de 2015. (BALLAST • QUE FAIRE ?)


Esas son las vías que tenemos para el asalto a Troya: no hay más, quizá una combinación de las tres. Yo, con el tiempo, me he ido decantando -con muchas dudas- por el abandono, la deserción, el desestimiento. Es la que proponía, con mucha ingenuidad, en el último de mis 15 Asaltos en el que volvía del revés la vieja tradición española de "tirarse al monte", para visualizar lo innecesarias que nos son las instituciones frente a lo absolutamente necesarios que somos nosotros -nuestros cuerpos tanto como nuestra fe- para darles apariencia de realidad y vida...

Pero quizá, al mismo tiempo, no viniera mal, como decía en la primera entrada, juntarnos en los movimientos y rebeliones que continuamente ocurren a nuestro lado, sean estas vecinales, sindicales, identitarias, o políticos también... ¡qué más da si, al menos, ponen nerviosos a los amos del mundo y, como en el chiste del mosquito y el conductor, hacen descarrilar al tren! Todo menos dejarnos llevar mansamente por la desesperación que está acabando con tantos -y seguramente los mejores- de los más jóvenes.

  last edited: Wed, 19 Jan 2022 14:06:53 +0200   
Por si alguno no sabe quién es Pepito Grillo -no tiene por qué-, es el nombre con el que popularizó Disney Il Grillo Parlante del Pinochio original de Carlo Collodi. Con este grillo como artefacto narrativo, Collodi intentó resolver el problema de la falta de alma o conciencia de un muñeco de madera y los problemas que le acarrea. Es una especie de conciencia externalizada (un poco como la de todos) que señala el bien y el mal, la verdad y la mentira al nihilista muñeco.

La voz incordiante de Pepito Grillo no deja nunca de recordarnos lo que hacemos bien o mal y, sobre todo, lo que no hacemos o dejamos de hacer para hacer del mundo un lugar más habitable y justo, para evitar la extensión apabullante -en palabras de Labordeta- del crimen y la amenaza...

¿Qué hacer? -preguntamos continuamente a Pepito Grillo - ¿dónde, cuándo, con quién, contra qué? En este mundo exhausto de utopías y revoluciones, con esta condición humana nuestra reacia ya a cualesquiera heroismos, ¿qué hacer? Un amigo profesor, al que habían increpado de pequeño burgués en una asamblea sindical, respondió que nadie elegía realmente el lugar ni las circunstancias en que se desenvuelven nuestras vidas y que allí donde estemos hagamos lo que podamos para hacer un mundo mejor, pequeñas revoluciones cotidianas, con el aliento largo de héroes imposibles.

Juntarnos, acompañarnos, ayudarnos para que ninguno desfallezca y caiga, para no desesperarnos ante la magnitud de los males que nos atenazan. No habrá otra guerra de Troya con su consabido fin, pero sí la labor escondida de abrir grietas en sus murallas, día a día, hora a hora, mano con mano. Tal es la ingente tarea que Pepito Grillo nos pone por delante cada amanecer...

   
Esta mañana he desayunado en un bar popular por aquí, bullicioso y vocinglero, disfrutando de un cantante de boleros, un jubilado de voz de seda, cantando quedo, a través de su mascarilla:

Mira que eres linda,
qué preciosa eres.
estando a tu lado
verdad que me siento
más cerca de Dios...

Un silencio repentino le preparó el aie. Apoyado contra la pared, marcando el compás con los nudillos sobre la mesa, con aire ausente... ¿En quién pensaría, qué memoria de amor o desamor templaba su voz y entrecerraba sus ojos?

Antes, hasta hace unos años, la costumbre de cantar en las tabernas -flamenco, casi siempre- estaba tan extendida que aún sobrevive en algunos locales antiguos la ignominiosa prohibición "Prohibido el cante" que, a lo que recuerdo, no era obedecida por nadie...